El diseño alemán que revolucionó los muebles mexicanos

Fundada en 1919 en la República de Weimar después de la Primera Guerra Mundial por el arquitecto prusiano Walter Gropius, la Bauhaus destacó desde entonces por ser una escuela de vanguardia que buscaba romper esquemas y democratizar el diseño con la idea de hacerlo accesible para todos.

En 1924, en un momento en que Alemania veía surgir un régimen nacionalsocialista, aquella visión modernizadora empezó a ser vista con malos ojos, por lo que la escuela cerró en 1925 y se trasladó a Dessau, una ciudad ubicada cerca de Berlín.

Ahí tuvo su momento de apogeo y funcionó hasta 1931, cuando acusada de ser un centro de “bolchevismo cultural” se volvió a desintegrar y algunos de sus alumnos se mudaron a Berlín para seguir trabajando.

En la ahora capital alemana sobrevivió hasta 1933, año en que el naciente gobierno nazi de Hitler le puso fin. Su desdicha se convirtió, a la vez, en el preámbulo de su expansión por las grandes ciudades del mundo, nuestro país no escapó a la influencia de este movimiento vanguardista.  

A un siglo de su fundación, las huellas de esa corriente artística no solo están en la arquitectura funcionalista o de formas simples que se pueden apreciar en inmuebles de algunas colonias modernas de la capital mexicana, también están en objetos, en muebles tan comunes, como mesas, sillas, butacas que familias siguen conservando en sus casas.  

Uno de los principales creadores de esos muebles que se caracterizaron por tener un toque austero pero innovador, fue el arquitecto neoyorkino Michael Van Beuren, quien después de estudiar un par de años en esa escuela alemana llegó a México por primera vez hacia finales de 1936.

Según la curadora y crítica de arte Ana Elena Mallet, uno de los primeros trabajos de este alumno del célebre arquitecto Mies van der Rohe, último director de aquella institución, fue diseñar los interiores de los bungalows del famoso Hotel Flamingos de Acapulco.

Al respecto, Mallet comenta en entrevista con EL UNIVERSAL que en ese momento “Van Beuren vio en México una ventana de oportunidades. Un país que crecía con una nueva clase media con poder adquisitivo y una necesidad por objetos modernos que hasta entonces, no había en el mercado”.

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Aspecto del Hotel Los Flamingos, en Acapulco, en una tarjeta postal de inicios de los años 40. Hacia finales de la década de los 50, este espacio turístico se hizo muy famoso por la gran cantidad de celebridades de Hollywood que ahí se hospedaban.  Sigue en pie hasta la actualidad, ya como Hotel Flamingos.
 

Una fábrica de muebles en Naucalpan con un sueño social demócrata

En 1938, el arquitecto y diseñador llegó a la Ciudad de México, donde intentó ejercer como arquitecto no titulado. Entre sus trabajos de esa época estuvieron tres casas en la calle de Liverpool, en los números 1, 2 y 3 de la ahora colonia Juárez, pero la principal apuesta de este creador nacido en Nueva York, en 1911, fue la creación de una empresa de diseño mobiliario que pronto se convirtió en una fábrica de muebles que producía modernas piezas a precios que cualquier familia de clase media podía adquirir.

La compañía, que creó junto a su ex colega de la misma escuela Klaus Grabe y otro arquitecto norteamericano, Morley Webb, fue la que sentó las bases del diseño industrial en México al ser la primera en producir piezas en serie.

En su libro La Bauhaus y el México moderno. El diseño de Van Beuren, la curadora y  especialista en diseño moderno y contemporáneo refiere que aquella empresa de muebles comenzó como un pequeño taller artesanal que operaba bajo el nombre de Grabe & Van Beuren, el cual instalaron en Naucalpan.

Un año después, en 1940, pasó a ser una fábrica que ya empleaba a una decena de personas, las cuales convivían en un ambiente laboral muy particular, según nos cuenta Mallet en entrevista: “Era un sueño social demócrata. Era una ciudad industrial, convivían todos como familia, tenían sus casas alrededor de la fábrica, tenían equipos y campos de beisbol, corridas de toros y grandes fiestas; además de que Van Beuren vacacionaba con los trabajadores”.

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Michael Van Beuren posa sonriente con el primer equipo de trabajadores en su fábrica alrededor de 1939. Imagen cortesía:  Archivo Ingrid Van Beuren y Tiago Solís.

Por esos mismos años también abrió su tienda Domus, en Hamburgo 40 también en la colonia Juárez. Además de vender sus innovadores muebles, la empresa ofrecía productos importados y comenzó a participar en proyectos gubernamentales. Uno de ellos consistió en diseñar y producir la puerta de un hospital de niños en 1940. 


Publicidad de la tienda Domus, ubicada en el número 40 de la calle de Hamburgo, en la colonia Juárez.  Imagen: Revista Social, octubre 1942, Col. Carlos Villasana.

El éxito de los diseños de Van Beuren radicaba en que, a diferencia de otros productores de muebles, sus piezas eran “realmente de diseño y producción industrial, por lo que eran económicos y tenían una línea muy moderna como no había otros”. “Los nombres de las líneas se decidían por los materiales utilizados, otras veces por las tendencias, existía por ejemplo la Línea Pino o la Línea Danesa. Michael Van Beuren siempre diseñaba los muebles pero para estas líneas se integró el arquitecto británico radicado en México, Philip  Guilmant”, apunta la especialista.
 

Muebles que equiparon el conjunto habitacional Tlatelolco

“Para 1947 la compañía crece de la mano de su hermano Frederick y se convierte en una gran fábrica”, destaca la curadora.

A partir de entonces, los muebles Domus que en un principio portaban la etiqueta “Domus diseñados por Grabe & Van Beuren” se convirtieron en un distintivo de modernidad de las casas o departamentos de la nueva clase media mexicana de esos tiempos y de las décadas siguientes.

Entre 1964 y 1965, por ejemplo, los muebles Van Beuren equipaban los departamentos muestra que se ofertaban en el nuevo complejo habitacional que en ese momento se alzaba como símbolo de la modernidad en la capital mexicana: el Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco, proyectado por el arquitecto Mario Pani. Los nuevos departamentos se publicitaban con esos muebles funcionales y considerados de buen gusto.

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Estancia – comedor de un departamento de muestra de dos recámaras en los edificios A del Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco, alrededor de 1964. Imagen: Folleto publicitario. Col. Carlos Villasana.

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Sala comedor de la línea Danesa, en el departamento muestra de los edificios C del Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco. Los muebles de la línea Danesa fueron seleccionados por su bajo costo y moderno diseño. Imagen:  Folleto publicitario Colección Carlos Villasana.

Al principio, los muebles se vendían en su showroom de Hamburgo, después llegaron a tiendas como Liverpool y Salinas y Rocha. Otra gran tienda de la marca Van Beuren se instaló en la calle de Monterrey, en la colonia Roma.

La crítica de arte asegura que, a diferencia de otras, dicha fábrica de muebles no tuvo un declive, existe hasta la fecha: “Los Van Beuren la vendieron hacia finales de 1970 para dedicarse a otras cosas, pero no hubo declive. Las líneas Edimburgo, Danesa y Pino se siguieron produciendo hasta los años ochenta”.

De acuerdo con Mallet, quien en 2010 montó la primera exposición dedicada al trabajo del arquitecto neoyorkino en el Museo Franz Mayer, los diseños de este ex alumno de la escuela alemana tuvieron gran éxito en el país porque vinieron a romper con el estilo ornamental y nacionalista que dominaba en ese momento.

Sus creaciones combinaban una estética modernista original a precios económicos.  “Tanto van Beuren como Grabe llegaron a México en un momento de efervescencia a un entorno dinámico que reflexionaba sobre sí mismo, sobre su identidad y las características que la conformaban. Su condición de extranjeros les facilitaba una mirada curiosa y desprejuiciada que les permitió integrar a sus diseños materiales locales, como el yute y otras fibras naturales, asociados simbólicamente con lo rural o lo indígena, que otros diseñadores nacionales considerarían impensable utilizar, pues podría prestarse a la interpretación de un diseño barato o de menor calidad”, señala la especialista en el libro.  

Un ejemplo que ilustra la manera en que Van Beuren utilizó materiales o influencias típicamente mexicanas fueron los sillones Miguelito y San Miguelito, en cuyo diseño retomó el concepto de los butaques mexicanos, esos asientos típicos bajos y cómodos inclinados hacia atrás.  La autora del  libro apunta que esa idea sería ampliamente retomada por otros diseñadores y arquitectos que trabajaron en México durante el siglo XX, entre ellos el norteamericano William Spratling o el mismo  Luis Barragán, el principal protagonista de la arquitectura moderna mexicana.
 

Revalorar el trabajo de Van Beuren

Para la reconocida curadora, la relevancia histórica de los muebles confeccionados por Van Beuren  radica en su diseño industrial y producción que entonces no existía en México. Sin embargo, considera que la historia del diseñador y su contribución al desarrollo de esa disciplina en el país ha sido poco valorada y revisada. Para honrar su memoria, dice, debería haber más gente revisando su obra y que sus piezas se exhiban en museos.

La de Van Beuren y sus colegas diseñadores es una historia aún en proceso de construcción, al igual que la del diseño moderno mexicano. Por ello, Ana Elena Mallet considera necesario cultivar la memoria y hacer que estudiantes de diseño, las nuevas generaciones, hagan conciencia y tomen en cuenta que su trabajo actual proviene de cierto legado del México Moderno. Una época en la que arquitectos, artistas y creadores mexicanos retomaron estilos de los movimientos más vanguardistas de la época, como fue el caso de esta escuela alemana que revolucionó el mundo del diseño y las artes en general.  

Fuentes:
Fotografía antigua: Archivo Jan Van Beuren
Entrevista con Ana Elena Mallet

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